El origen de los jardines

Por Verónica Balckburn,

El origen de los jardines
Jardines de Versalles, por Jeffrey Milstein

Profundizamos sobre historia, para conocer un poco el origen de los jardines y comprender ciertas técnicas que nos pueden orientar a plantear los jardines de hoy en día.

La historia de la jardinería comenzó hace más de 4.000 años con la domesticación de plantas para la agricultura. Este fue el gran paso que llevó al hombre al sedentarismo y a la necesidad de rodearse de una pequeña porción de naturaleza para cultivar y criar a sus animales.

Una de las primeras civilizaciones sedentarias fue la asiria, en Mesopotamia. Su nombre significa “entre ríos”, ya que se instalaron en la fértil zona entre el Río Éufrates y el Tigris. A medida que el imperio Babilónico crecía, comenzaron a construirse enormes edificaciones llamadas Zigurats. Ahí los reyes disfrutaban de la sombra de árboles distribuidos en terrazas. Este lujo de tener sombra en las terrazas fue posible gracias a que las comunidades dominaban la canalización y distribución del agua para regar tanto los cultivos como los jardines.

La suntuosidad del diseño y el impecable manejo hídrico de los cultivos y jardines era de tal magnitud, que surgió una de las antiguas maravillas del mundo: el Jardín Colgante de Babilonia (hoy ya no existe). 

Los egipcios, ubicados en el delta del río Nilo, comenzaron también a crear jardines más funcionales y domésticos, pero con la evolución del imperio fueron adquiriendo mayor connotación espiritual y religiosa. Los aromas, los pájaros atraídos por sus arboledas, la flor de loto, fueron algunos de los elementos que representaron deidades. Ellos plantaron sus árboles en grillas con un orden geométrico, demostrando su profundo entendimiento de las matemáticas y del paisajismo. Pese a ello, también sumaron aspectos de su valoración sensorial, como el sonido, los olores y el frescor en la sombra. 

Los diseños de jardines eran simétricos, axiales, usaban el ritmo como método de composición. Eran espacios que retrataban los ciclos continuos de la existencia: la vida, la muerte y la vida después de la muerte. Era esencial para las creencias de los egipcios rodearse de estos recordatorios de trascendencia.

El imperio Persa fue tremendamente expansivo. Invadió y fusionó Egipto, Mesopotamia e India. Se generó así un sincretismo que impactó todas las áreas culturales y que -por supuesto- se reflejó en el diseño de los jardines. Siempre que ha existido un desarrollo humano y cultural complejo, ha ido acompañado de un gran crecimiento y esplendor en su jardinería, como un complemento necesario para la arquitectura. Para contrarrestar el paisaje duro, seco y desértico de Persia, se crearon los char bagh, que significa  “jardín de los jardines”, un símbolo del paraíso. Estos se separan mediante cuatro canales cruzados en el medio y simbolizan los cuatro ríos sagrados, símbolos de la fertilidad (Tigris, Éufrates, Guijón y Pisón).

Este sencillo diseño ortogonal de los Char bagh da origen a los parterre y se establece la base de la jardinería formal o clásica de occidente.

Jardines de Versalles, por Jeffrey Milstein
Jardines de Versalles, por Jeffrey Milstein

Como vemos, elementos como el parterre, la simetría y la grilla de plantación son elementos que heredamos de culturas con miles de años de antigüedad. Reconocer las raíces de cada estilo paisajístico de estos lugares semidesérticos hará más fácil adaptar los diseños a nuestras necesidades y gustos contemporáneos. Este referente persa se replica en jardines construidos cientos de años después, en los diseños renacentistas como el Palacio de Versalles (S. XVII). 

Mientras tanto, Grecia en un inicio tenía una visión del paisaje totalmente distinta. Ellos tomaban la misma naturaleza como jardín, usaban su topografía y tenían una planificación más suelta y sin tanta estructura. Cuando comenzaron a entremezclar la ciudad con el paisaje natural, plantaron arboledas para crear verdaderos “jardines filosofales”, donde el fin era inducir una conversación en estas largas avenidas. Todo invitaba al descanso y al ocio, era necesaria la sombra para garantizar un ambiente grato donde discutir ideas filosóficas, académicas y políticas.

Son los primeros que incorporaron el arbolado de uso público, también se instaura el concepto hortus conclusus (huerto cerrado), que era básicamente un espacio atrás de la vivienda, pequeño y cercado. Es así como el jardín deja de ser un espacio exclusivo de la nobleza. 

Peristilo. Reconstrucción casa de los Vietti, Pompeya

Los romanos, por el contrario, vuelven a la formalidad a través de un patio central con grillas, esculturas de mármol, piletas, topiarios y rosales que se lucen en el «peristilo», la zona más importante de la casa que consistía en este patio rodeado de columnas (peri: alrededor; “stylo: columnas).

Con la caída del Imperio Romano termina la llamada “edad antigua”. Innumerables elementos que usamos hasta el día de hoy, nacieron en la primera parte de la historia, en Medio Oriente y en la cuenca del Mediterráneo. Todos estos lugares, de larga historia en diseño, urbanismo y planificación en jardinería, son lugares con climas muy parecidos a la zona norte y central de Chile. Entonces, ¿cómo lograron hacer estos jardines con un gran manejo de los recursos? Basando el diseño en algo más allá de las plantas: grillas, recorridos, aromas, sonidos, agua, esculturas, sombra, etc. Solo se debe pensar en el propósito de mi jardín, el descanso, la contemplación, un espacio para recorrer. No existe una sola manera de vivir o diseñar un jardín, las personas intervienen los espacios y viceversa.

Frente a la gran crisis hídrica que nos enfrentamos, conocer los orígenes nos mostrará un conocimiento más profundo de los jardines, el por qué de su creación, estructura, función en los diferentes estilos y culturas que han influido en su creación y desarrollo. Entender su esencia hará que nos adaptemos más rápido a la contingencia que vivimos como país.

Verónica Balckburn

Verónica Balckburn / Ingeniera Agrónoma

Ingeniera agrónoma de la Pontifica Universidad Católica de Chile, interesada en reivindicar el noble oficio de la jardinería mediante una combinación de constante estudio, práctica, y sobre todo, observación. Como asesora en diferentes proyectos he querido romper paradigmas y contribuir a transformar prácticas basándome en la evidencia.

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