Un viaje a la resiliencia

Por Paula Rosales,

Un viaje a la resiliencia

Paula Rosales y su familia dejaron Santiago en busca de otro estilo de vida y se establecieron en el nordeste de Brasil. Agrónoma de profesión, Paula crea huertos en todo tipo de espacios. En este artículo nos cuenta sobre su cambio de vida y cómo la resiliencia de los humanos se asemeja a la de las plantas.

En el contexto de naturaleza, “resiliencia” se puede entender como la capacidad de un ecosistema para hacer frente a las adversidades; tratar con el cambio y seguir desarrollándose. 

En las plantas, la resiliencia se puede observar en el proceso de adaptación que ellas tienen según el medio donde éstas se desarrollan. Esta adaptación se genera por una interacción entre los genes y el ambiente que se produce en el entorno de cada organismo. Las plantas tienen la manera de tomar todos los datos sensoriales que se reúnen en su vida cotidiana, integrarlos y luego, por medio de información que es transmitida a la semilla, responder de una manera diferente. Aquí es donde encontramos una verdadera adaptación para la vida.

El reino vegetal ha interactuado por siglos muy de cerca con los animales para evolucionar junto al ser humano en su camino, produciendo tanto los alimentos como la medicina que han ido requiriendo para su desarrollo en cada etapa de su evolución. Se han generado adaptaciones únicas a cada especie, por ejemplo, hay plantas que se han ido asociando en la búsqueda de una mejor utilización de nutrientes y agua,  han ido produciendo flores de formas, colores y aromas únicos para atraer especies polinizantes, han desarrollado el tacto para poder trepar, y en la naturaleza encontramos muchos ejemplos más.

Esta imagen de la evolución conjunta de las plantas, animales, y seres humanos a través de los siglos nos ayuda a expandir nuestra visión y comprensión del significado de resiliencia; la que se da por un proceso colectivo de evolución (coevolución). 

Si bien ya podemos comprender el proceso de las plantas, ahora sería interesante poder analizar el nuestro, el de los seres humanos. Nosotros también tenemos la posibilidad de formar parte de este proceso de coevolución, sin embargo, para lograrlo necesitamos hacernos conscientes de nuestro entorno, comprender que somos parte de él, y hacernos cargo de la influencia que ejerce cada una de nuestras acciones. 

Sin ir más lejos, si cada vez tenemos menos agua en nuestro planeta, no podemos seguir utilizándola como si fuera un recurso de nunca acabar; si las temperaturas aumentan cada año, no se puede seguir cultivando de la misma manera y arrasando con bosques; si la curva de consumo y desechos va en aumento y sin descenso, el tema de los residuos es algo que realmente debemos saber gestionar. 

Vivimos disociados del todo, no nos sentimos parte de nada, nos hemos convertido en seres individualistas, en donde el foco de la vida está en producir dinero para sobrevivir en un mundo de consumo. Como individuos, estamos cada día más frágiles, más dependientes de un sistema de economía perverso, con menos capacidad de articularnos, estamos desconectados de lo importante, de lo esencial.

Hoy es necesario volver a creer en la coevolución, ella es la única que sabrá guiarnos por un buen sendero que nos permita generar la resiliencia necesaria para seguir adelante. Y este camino no es nada nuevo, ya que así se formó la humanidad. 

Con los conocimientos y aprendizajes obtenidos por la experiencia de miles de años de historia, debemos rescatar y diseñar sistemas que nos permitan crear núcleos fuertes e interconectados, pero independientes en lo más posible unos de otros.

Para ello debemos comenzar por tener algún grado de participación en la producción de nuestro propio alimento de forma respetuosa, en comprender los ciclos naturales, conectarnos con la naturaleza

Aprender a respetar a nuestros pares y todo lo que nos rodea, cuidar cada elemento vivo y no vivo que exista a nuestro alrededor, cambiar los patrones de consumo, educar con conciencia a nuestros hijos, trabajar en la revalorización de lo doméstico y lo cotidiano, volver a creer que el verdadero poder está en las familias, en las comunidades, en las organizaciones sociales, y por sobre todo, en el volver a vivir como parte de un todo y no como dueños del todo. 

Es por eso y por todo lo que se nos mueve desde el corazón, que junto a mi familia hemos decidido comenzar este viaje. Un viaje que nos invita a salir de la ciudad de Santiago en Chile, y nos trae al bosque en la mata atlántica del nordeste brasileño. Aquí, en cada número que vayamos publicando de este proyecto editorial “De la raíz al plato”, quiero comenzar a contarles nuestra experiencia de vida.

Paula Rosales

Paula Rosales / Agrónoma y educadora

Agrónoma hace 12 años, decidió junto a su familia dejar Chile para ir a vivir al Nordeste de Brasil, en donde realiza trabajos de consultoría y hace cursos presenciales y online de huertas ecológicas. Escribe en agrocultiva.cl y en porlapermacultura.org pueden ver parte de su trabajo también en su Instagram.

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